
Y hoy me colmo con el olor de mi entrepierna, sobornado a este viento... y respirar se hace cada vez menos urgente.
Teníamos calma, pero la prisa la agarraba del brazo, con la mirada ténue y un miedo medio determinado... prisa por no apurarse, talvez.
Y tengo ganas de respirar más, pero no puedo. Así fue mi cuerpo que decidió las pulsaciones y los latidos que son míos, o tuyos... o de nadie.
Hay! alma mía! ¿dónde estás que no te veo? yo quiero ser tu esclava, tu dueña y tu amante más cercana... tu enemiga de la vida... tu collar de perlas encendido por su potencia viva, cuando se reflejan en tus ojos.

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