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Olía a perfume de hombre, si es que puedo oler, pues no siento más que ese aroma tan confuso que a mi olfato cae. Más es su piel impregnada en mi ropa que hace sentir por un instante, que todo lo es y todo lo transforma.
Su sexo tan blanquesino... la espalda, en cuya constelación yo me he perdido esta noche, mirándola con los ojos entreabiertos... y su miedo talvez inexistente aparecíase en mi pensamiento. Sus ojos cerrados escapando de caer en prisión...
Regresar a Tierra puede llevarme un día entero, contado con reloj de arena, pues mi alma se sensibiliza después de casi un año de no palpar la misma sonrisa. Es que esta alma ya no lo grita como antes, pero por momentos lo siente dentro, como si el tiempo no hubiera pasado y me esté tendiendo una trampa a mí misma. Pero no es más que el devenir de los corazones desencontrados.
Fue extraña la noche, su llegada y su mirada. Hasta que a mi costado se detuvo su figura masculina, que no me la creo como tal, pues es un niño que ríe y de reojo me mira sin querer hacerlo. Y lo veo, lo escucho mientras los versos me dictan donde está, y que estará haciendo sin mí.
Hasta que mi vida se vió atrapada en esos besos y ese sexo, que repite eslavones pasados y los rememora en cada gemido, que brota desde su pelo enfrutillado.
Es tan grande lo que siento que verle feliz me alcanza. Pero si él me busca, una barrera incondicional me buscará a mí desesperadamente, para protegerme de sus cotidianos desvaríos...
No tengo fuerzas para ocultarme la verdad. ¿De que verdad hablo, si no fue más que una noche de pasión? ... no comprendo porqué superado el delirio de no tenerlo, ha quedado dentro de mí una sensación tan extraña... la imágen de su rostro y su sonrisa, son extrañas.
Al sentir su corazón latir y mi mano, mi mano palpando el momento más feliz de la noche... donde reconocí una esfera semejante, fue distinto a antes, nada se asemeja. Ahora me quiere, es una sensación que de a ratos la percibo. Si no la percibo siempre es porque tengo miedo a que deje mis rayitos de luz colgados en el zótano...
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