
Calcináse el latir de un amor.
Lloran mis ríos interminables
por la dicha de sus días, lejanos,
inercia sin pensar de su vida vulnerable.
Sin pensar lo has hecho, oh, amado mío...
¡tu vida ha ya de cambiar!
Siento como se destruye su pena,
como si su latir, fuera mío.
Oh, cielo santo, de mi vida,
capa que envuelve nuestras cabezas,
no sueltes jamás la detreza
de tu firme fuerza, caudal de nobleza.
Gotas de sudor, del alma mía
se queman entre papeles conocidos,
un loco abrazo distante me cela
entre los rincones de mi soledad.
Así camina sobre las piedras marchitas
la locura sublime de la esperanza perdida.
***

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