
Un puñado de arena, he juntado con el conjunto de mis articuaciones derechas.
Y así ví encender la noche, en las playas del sueño.El mar se bañaba de las gentes y el sol salía al instante, opacando ese manantial que celaba su despedida al amanecer. Celosa noche, suplicaba ser testigo del desvelo.
El tiempo se iba corriendo del pasado y los segundos invisibles aclamaban una nueva oportunidad, en el silencio de la vida, que egoístamente, no los espera.Por eso la mar estaba tan calma, serena. Y se bañaba de las gentes, muchas veces, muchos años, hasta comprender que su sal nunca dejará de sanar heridas.
Un puñado de arena he juntado con el conjunto de mis articulaciones izquierdas. Y así vi apagarse la tarde, en las playas del sueño.
Y así ví encender la noche, en las playas del sueño.El mar se bañaba de las gentes y el sol salía al instante, opacando ese manantial que celaba su despedida al amanecer. Celosa noche, suplicaba ser testigo del desvelo.
El tiempo se iba corriendo del pasado y los segundos invisibles aclamaban una nueva oportunidad, en el silencio de la vida, que egoístamente, no los espera.Por eso la mar estaba tan calma, serena. Y se bañaba de las gentes, muchas veces, muchos años, hasta comprender que su sal nunca dejará de sanar heridas.
Un puñado de arena he juntado con el conjunto de mis articulaciones izquierdas. Y así vi apagarse la tarde, en las playas del sueño.
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