
Y callo entre las sábanas de mi amor
para no darle el color que viste hoy,
como si fuera espejo del alma, lo que soy.
Un violeta azulado, los besos, los ojos,
las gamma eterna de los abrazos
entre las vueltas de la vida que arrastra
hasta la puerta del cielo, una emoción basta.
El silencio es cómlice del sol
cuando cae la tarde, la noche, frente a su presencia
que arrastra otra vez, hasta la puerta del cielo,
un amor revelado por dentro y por fuera.
Los ojos vistos desde la cima
acariciando la espalda del lunar más cercano
sin tocar Saturno... sin tocar ese mismísimo cielo azul.
Melodie.

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