domingo, 25 de noviembre de 2007


Y callo entre las sábanas de mi amor

para no darle el color que viste hoy,

como si fuera espejo del alma, lo que soy.

Un violeta azulado, los besos, los ojos,

las gamma eterna de los abrazos

entre las vueltas de la vida que arrastra

hasta la puerta del cielo, una emoción basta.

El silencio es cómlice del sol

cuando cae la tarde, la noche, frente a su presencia

que arrastra otra vez, hasta la puerta del cielo,

un amor revelado por dentro y por fuera.

Los ojos vistos desde la cima

acariciando la espalda del lunar más cercano

sin tocar Saturno... sin tocar ese mismísimo cielo azul.



Melodie.




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