lunes, 26 de noviembre de 2007

Tiempo


Carismáticamente se acercó la dama y el caballero le sonrió. No era casualidad que esa tarde, se detuviera su reloj. Así los años y la vida por la ventana sorprendidos de la dicha más grande, la fogata de los sentimientos se vistieron de corazón. Puro y blanco como la nieve más fresca, en navidades fundióse de Paris, la avenida... como alto sueño de un viaje nuevo por repensar. Pero no importó el lugar, ni la escala, ni la senda... solo la vida aquella fantasmal.

La dama del recuerdo, el caballero del olvido... y el reloj que el tiempo hizo que volviera a andar.

Sin más palabras, sin más saliva, un adiós del tiempo,

otro vuelve a comenzar.


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